Una siesta
Resulta que lo de mear en el mismo sitio no ha sido un aprendizaje significativo, sólo le ha durado un día y ahora usa la bandeja para dormir en la terraza. Vamos a comprarle una camita para la terraza y así a ver si conseguimos diferenciar los espacios.
De la diarrea anda mejor, lo que quiere decir que limpio menos, pero, como lo hace todo lo más escondido posible, parezco una contorsionista limpiando en rincones alejados debajo de las mesas, cama, etc.
Duerme bien, he conseguido imponer mi autoridad y desde las 11 de la noche hasta casi las 9 de la mañana está recluido sin protestar (y escuchando música clásica).
También ha aprendido a quedarse solo sin llorar, lo dejamos a ratos en la terraza y nos vamos a otro sitio de la casa para que no nos vea, forma parte del entrenamiento para que no la líe parda cuando nos vayamos a Pilates.
Está encantado con sus kong, ya los busca y juega él solo sin que lo estimulemos. Le pongo el collar a ratos para que se vaya acostumbrando.
Al final no está resultando tan chunga la adaptación. La asignatura pendiente es educarlo para que lo haga todo en el mismo sitio, pero estoy esperando a que acabe el tratamiento de la diarrea y esté bien del todo.


Produce una tremenda ternura, y el pobre se va adaptando muy bien por lo que cuentas, da gusto verle dormir, parece un peluchito.
Unas caricias para él y besitos para las dueñas-compañeras.
jajajaja sí, para comérselo!!! a mí se me cae la baba, a M también, que, mientras que no la manche por la diarrea, le hace aún más mimos que yo y le compra cositas y tal jajaja